LA  BIBLIA  DE  JEFFERSON  O

LA  VIDA  Y  MORALEJAS  DE  JESÚS DE  NAZARET

CAPÍTULO IX

ENSEÑANZAS Y PARÁBOLAS

Aconteció un sábado, cuando él entró en casa de uno de los principales de los fariseos para comer pan, que ellos le observaban cuidadosamente.
  2 Y he aquí un hombre hidrópico estaba delante de él.
  3 Entonces respondiendo Jesús, habló a los maestros de la ley y a los fariseos,      diciendo: ¿Es lícito sanar en sábado, o no?
  4 Pero ellos callaron.
  5 Y dijo a ellos: ¿Cuál de vosotros, si su hijo o su buey cae en un pozo, no lo sacará      de inmediato en el día de sábado?
  6 Y no le podían responder a estas cosas.
  7 Observando a los invitados, cómo escogían los primeros asientos a la mesa, refirió      una parábola diciéndoles:
  8 Cuando seas invitado por alguien a una fiesta de bodas, no te sientes en el primer      lugar; no sea que otro más distinguido que tú haya sido invitado por él,
  9 y que viniendo el que os invitó a ti y al otro, te diga: Da lugar a éste, y luego      comiences con vergüenza a ocupar el último lugar.
10 Más bien, cuando seas invitado, vé y siéntate en el último lugar; para que cuando     venga el que te invitó, diga: Amigo, sube más arriba. Entonces tendrás gloria     delante de los que se sientan contigo a la mesa.
11 Porque cualquiera que se enaltece será humillado, y el que se humilla será     enaltecido.
12 Dijo también al que le había invitado: Cuando hagas comida o cena, no invites a tus     amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a tus vecinos ricos; no sea que     ellos te vuelvan a invitar a ti, y te sea hecha compensación.
13 Pero cuando hagas banquete, llama a los pobres, a los mancos, a los cojos y a los     ciegos.
14 Y serás bienaventurado, porque ellos no te pueden retribuir, pero te será     recompensado en la resurrección de los justos.

Pero él le dijo: Un hombre hizo un gran banquete e invitó a muchos.
16 A la hora del banquete envió a su siervo para decir a los invitados: Venid, porque ya     está preparado.
17 Pero todos a una comenzaron a disculparse. El primero dijo: He comprado un campo     y necesito salir para verlo; te ruego que me disculpes.
18 El otro dijo: He comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlos. Te ruego que     me disculpes.
19 El otro dijo: Acabo de casarme y por tanto no puedo ir.
20 Cuando volvió el siervo, hizo saber estas cosas a su señor. Entonces se enojó el     dueño de casa y dijo a su siervo: Vé pronto a las plazas y a las calles de la ciudad     y trae acá a los pobres, a los mancos, a los ciegos y a los cojos.
21 Luego dijo el siervo: Señor, se ha hecho lo que mandaste, y aún queda lugar.
22 El señor dijo al siervo: Vé por los caminos y por los callejones, y exígeles a que     entren para que mi casa se llene.
23 Pues os digo que ninguno de aquellos hombres que fueron invitados gustará de mi     banquete.

¿Cuál de vosotros, queriendo edificar una torre, no se sienta primero y calcula los gastos, a ver si tiene lo que necesita para acabarla?
25 No sea que después de haber puesto los cimientos y al no poderla terminar, todos los     que la vean comiencen a burlarse de él,
26 diciendo: Este hombre comenzó a edificar, y no pudo acabar.
27 ¿O qué rey, que sale a hacer guerra contra otro rey, no se sienta primero y consulta     si puede salir con diez mil al encuentro del que viene con veinte mil?
28 De otra manera, cuando el otro rey está todavía lejos, le envía una embajada y pide     condiciones de paz.

Se acercaban a él todos los publicanos y pecadores para oírle,
30 y los fariseos y los escribas murmuraban diciendo: Este recibe a los pecadores y     come con ellos.
31 Entonces él les refirió esta parábola, diciendo:
32 ¿Qué hombre de vosotros, si tiene cien ovejas, y pierde una de ellas, no deja las     noventa y nueve en el desierto y va tras la que se ha perdido, hasta hallarla?
33 Y al hallarla, la pone sobre sus hombros gozoso,
34 y cuando llega a casa reúne a sus amigos y vecinos, y les dice: Gozaos conmigo,     porque he hallado mi oveja que se había perdido.
35 Os digo que del mismo modo habrá más gozo en el cielo por un pecador que se     arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento.
36 ¿O qué mujer que tiene diez dracmas, si pierde una dracma, no enciende una     lámpara, barre la casa y busca con empeño hasta hallarla?
37 Cuando la halla, reúne a sus amigas y vecinas, y les dice: Gozaos conmigo, porque     he hallado la dracma que estaba perdida.
38 Os digo que del mismo modo hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador     que se arrepiente.

Dijo además: Un hombre tenía dos hijos.
40 El menor de ellos dijo a su padre: Padre, dame la parte de la herencia que me     corresponde. Y él les repartió los bienes.
41 No muchos días después, habiendo juntado todo, el hijo menor se fue a una región     lejana, y allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente.
42 Cuando lo hubo malgastado todo, vino una gran hambre en aquella región, y él     comenzó a pasar necesidad.
43 Entonces fue y se allegó a uno de los ciudadanos de aquella región, el cual le envió a     su campo para apacentar los cerdos.
44 Y él deseaba saciarse con las algarrobas que comían los cerdos, y nadie se las daba.
45 Entonces volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en la casa de mi padre tienen     abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre!
46 Me levantaré, iré a mi padre y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y ante ti.
47 Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros.
48 Se levantó y fue a su padre. Cuando todavía estaba lejos, su padre le vio y tuvo     compasión. Corrió y se echó sobre su cuello, y le besó.
49 El hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y ante ti, y ya no soy digno de ser     llamado tu hijo.
50 Pero su padre dijo a sus siervos: Sacad de inmediato el mejor vestido y vestidle, y     poned un anillo en su mano y calzado en sus pies.
51 Traed el ternero engordado y matadlo. Comamos y regocijémonos,
52 porque este mi hijo estaba muerto y ha vuelto a vivir; estaba perdido y ha sido     hallado. Y comenzaron a regocijarse.
53 Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando vino, se acercó a la casa y oyó la música     y las danzas.
54 Después de llamar a uno de los criados, le preguntó qué era aquello.
55 Este le dijo: Tu hermano ha venido, y tu padre ha mandado matar el ternero     engordado, por haberle recibido sano y salvo.
56 Entonces él se enojó y no quería entrar. Salió, pues, su padre y le rogaba que     entrase.
57 Pero respondiendo él dijo a su padre: He aquí, tantos años te sirvo, y jamás he     desobedecido tu mandamiento; y nunca me has dado un cabrito para regocijarme     con mis amigos.
58 Pero cuando vino éste tu hijo que ha consumido tus bienes con prostitutas, has     matado para él el ternero engordado.
59 Entonces su padre le dijo: Hijo, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son     tuyas.
60 Pero era necesario alegrarnos y regocijarnos, porque este tu hermano estaba muerto     y ha vuelto a vivir; estaba perdido y ha sido hallado.




FUENTE:
1) WIKIPEDIA, La enciclopedia libre.
2) ESCÉPTICO, profesor universitario en Chicago.
3) Compilado por Thomas Jefferson y Corregido por Eyler Robert Coates, Sr.




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