LA  BIBLIA  DE  JEFFERSON  O

LA  VIDA  Y  MORALEJAS  DE  JESÚS DE  NAZARET

CAPÍTULO XVI

TRAICIÓN Y CONDENA

Habiendo dicho estas cosas, Jesús salió con sus discípulos para el otro lado del arroyo de Quedron, donde había un huerto en el cual entró Jesús con sus discípulos.
  2 También Judas, el que le entregaba, conocía aquel lugar, porque Jesús solía reunirse      allí con sus discípulos.
  3 Entonces Judas, tomando una compañía de soldados romanos y guardias de los      principales sacerdotes y de los fariseos, fue allí con antorchas, lámparas y armas.
  4 El que le entregaba les había dado señal diciendo: Al que yo bese, ése es.      Prendedle.
  5 De inmediato se acercó a Jesús y dijo: ¡Te saludo, Rabí! Y le besó.
  6 Pero Jesús le dijo: Amigo, haz lo que viniste a hacer.
  7 Pero Jesús, sabiendo todas las cosas que le habían de acontecer, se adelantó y les      dijo: ¿A quién buscáis?
  8 Le contestaron: A Jesús de Nazaret. Les dijo Jesús: Yo soy. Estaba también con      ellos Judas, el que le entregaba.
  9 Cuando les dijo, yo soy, volvieron atrás y cayeron a tierra.
10 Les Preguntó, pues, de nuevo: ¿A quién buscáis? Ellos dijeron: A Jesús de Nazaret.
11 Jesús respondió: Os dije que yo soy. Pues si a mí me buscáis, dejad ir a éstos.
12 Entonces ellos se acercaron, echaron mano a Jesús y le prendieron.
13 Y he aquí uno de los que estaban con Jesús extendió su mano, sacó su espada, y     golpeando a un siervo del sumo sacerdote le cortó la oreja.
14 Entonces Jesús le dijo: Vuelve tu espada a su lugar, porque todos los que toman     espada, a espada perecerán.

En ese momento Jesús dijo a la multitud: ¿Como contra un asaltante habéis salido con espadas y palos para prenderme? Cada día me sentaba enseñando en el templo, y no me prendisteis.
16 Entonces todos los discípulos le abandonaron y huyeron.
17 Pero cierto joven, habiendo cubierto su cuerpo desnudo con una sábana, le seguía; y     le prendieron.
18 Pero él, dejando la sábana, huyó desnudo.

Los que habían prendido a Jesús le llevaron ante Caifás, el sumo sacerdote, donde los escribas y los ancianos se habían reunido.
20 Simón Pedro y otro discípulo seguían a Jesús. Este discípulo era conocido del sumo     sacerdote y entró con Jesús al patio del sumo sacerdote;
21 pero Pedro se quedó fuera, a la puerta. Y salió el otro discípulo que era conocido del     sumo sacerdote, habló a la portera y llevó a Pedro adentro.
22 Y los siervos y los guardias estaban de pie, pues habían encendido unas brasas     porque hacía frío; y se calentaban. Pedro también estaba de pie con ellos,     calentándose.
23 Entonces la criada portera dijo a Pedro: ¿Tú no serás también de los discípulos de     ese hombre? El dijo: No lo soy.
24 Estaba, pues, Pedro de pie calentándose, y le dijeron: ¿Tú no serás también de sus     discípulos? El negó y dijo: No lo soy.
25 Uno de los siervos del sumo sacerdote, pariente de aquel a quien Pedro le había     cortado la oreja, le dijo: ¿No te vi yo en el huerto con él?
26 Pedro negó otra vez, y en seguida cantó el gallo.
27 y Pedro se acordó de las palabras de Jesús que había dicho: Antes que cante el     gallo, tú me negarás tres veces. Y saliendo fuera, lloró amargamente.

El sumo sacerdote preguntó a Jesús acerca de sus discípulos y de su doctrina.
29 Jesús le respondió: Yo he hablado abiertamente al mundo. Siempre he enseñado en     la sinagoga y en el templo, donde se reúnen todos los judíos. Nada he hablado en     secreto.
30 ¿Por qué me preguntas a mí? Pregúntales a los que han oído lo que yo les he     hablado. He aquí, ellos saben lo que yo dije.
31 Cuando dijo esto, uno de los guardias que estaba allí le dio una bofetada a Jesús,     diciéndole: ¿Así respondes al sumo sacerdote?
32 Jesús le contestó: Si he hablado mal, da testimonio del mal; pero si bien, ¿por qué     me golpeas?
33 Llevaron a Jesús ante el sumo sacerdote; y se reunieron con él todos los principales     sacerdotes, los ancianos y los escribas.
34 Los principales sacerdotes y todo el Sanedrín buscaban testimonio contra Jesús,     para entregarle a muerte; pero no lo hallaban.
35 Porque muchos daban falso testimonio contra Jesús, pero sus testimonios no     concordaban.
36 Entonces se levantaron unos, y dieron falso testimonio contra Él diciendo:
37 Nosotros le oímos decir: Yo derribaré este templo que ha sido hecho con manos, y en     tres días edificaré otro hecho sin manos.
38 Pero ni aun así concordaba el testimonio de ellos.
39 Entonces el sumo sacerdote se levantó en medio y preguntó a Jesús diciendo: ¿No     respondes nada? ¿Qué testifican éstos contra ti?
40 Pero él callaba y no respondió nada. Otra vez el sumo sacerdote le preguntó y le     dijo: ¿Eres Tú el Cristo, el Hijo del Bendito?
41 Pero Él les dijo: Si os lo dijera, no lo creeríais.
42 Además, si yo os preguntara, no me responderíais.
43 Le dijeron todos: Entonces, ¿eres Tú Hijo de Dios? Y Él les dijo: Vosotros decís que     yo soy.
44 Entonces el sumo sacerdote rasgó su vestidura y dijo: ¿Qué más necesidad tenemos     de testigos?
45 Vosotros habéis oído la blasfemia. ¿Qué os parece? Y todos ellos le condenaron como     reo de muerte.
46 Algunos comenzaron a escupirle, a cubrirle la cara y a darle de bofetadas, diciendo:     ¡Profetiza! También los guardias le recibieron a bofetadas.

Llevaron a Jesús de Caifás al Pretorio. Era al amanecer. Pero ellos no entraron al Pretorio para no contaminarse y para así poder comer la Pascua.
48 Por tanto, Pilato salió fuera a ellos y dijo: ¿Qué acusación traéis contra este hombre?
49 Le respondieron y dijeron: Si éste no fuera malhechor, no te lo habríamos entregado.
50 Entonces Pilato les dijo: Tomadle vosotros y juzgadle según vuestra ley. Los judíos le     dijeron: A nosotros no nos es lícito dar muerte a nadie.
51 Entonces Pilato entró otra vez al Pretorio, llamó a Jesús y le dijo: ¿Eres Tú el rey de     los judíos?
52 Jesús le respondió: ¿Preguntas tú esto de ti mismo, o porque otros te lo han dicho     de mí?
53 Pilato respondió: ¿Acaso soy yo judío? Tu propia nación y los principales sacerdotes     te entregaron a mí. ¿Qué has hecho?
54 Contestó Jesús: Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mis     servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos. Ahora, pues, mi     reino no es de aquí.
55 Entonces Pilato le dijo: ¿Así que Tú eres rey? Jesús respondió: Tú dices que soy rey.     Para esto yo he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio a la     verdad. Todo aquel que es de la verdad oye mi voz.
56 Le dijo Pilato: ¿Qué es la verdad? Habiendo dicho esto, salió de nuevo a los judíos y     les dijo: Yo no hallo ningún delito en Él.
57 Pero ellos insistían diciendo: Alborota al pueblo, enseñando por toda Judea,     comenzando desde Galilea, hasta aquí.
58 Entonces Pilato le dijo: ¿No oyes cuántas cosas testifican contra ti?
59 Entonces Pilato, al oírlo, preguntó si el hombre era galileo.
60 Y al saber que era de la jurisdicción de Herodes, lo remitió a Herodes, quien también     estaba en Jerusalén en aquellos días.

Herodes, viendo a Jesús, se alegró mucho; porque hacía mucho tiempo que deseaba verle, pues había oído muchas cosas de Él y tenía esperanzas de que le vería hacer algún milagro.
62 Herodes le preguntaba con muchas palabras, pero Jesús no le respondió nada.
63 Estaban allí los principales sacerdotes y los escribas, acusándole con vehemencia.
64 Pero Herodes y su corte, después de menospreciarle y burlarse de él, le vistieron con     ropa espléndida. Y volvió a enviarle a Pilato.
65 Aquel mismo día se hicieron amigos Pilato y Herodes, porque antes habían estado     enemistados.
66 Entonces Pilato convocó a los principales sacerdotes, a los magistrados y al pueblo,
67 y les dijo: Me habéis presentado a éste como persona que desvía al pueblo. He aquí,     yo le he interrogado delante de vosotros, y no he hallado ningún delito en este     hombre, de todo aquello que le acusáis.
68 Tampoco Herodes, porque él nos lo remitió; y he aquí no ha hecho ninguna cosa     digna de muerte.
69 Así que, le soltaré después de castigarle.




FUENTE:
1) WIKIPEDIA, La enciclopedia libre.
2) ESCÉPTICO, profesor universitario en Chicago.
3) Compilado por Thomas Jefferson y Corregido por Eyler Robert Coates, Sr.




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