LA  BIBLIA  DE  JEFFERSON  O

LA  VIDA  Y  MORALEJAS  DE  JESÚS DE  NAZARET

CAPÍTULO XV

LA TRAICIÓN

Dos días después era la Pascua y la fiesta de los panes sin levadura. Y los principales sacerdotes y los escribas estaban buscando cómo prenderle por engaño y matarle,
  2 pues decían: No en la fiesta, de modo que no se haga alboroto en el pueblo.
  3 Estando él en Betania sentado a la mesa en casa de Simón el leproso, vino una      mujer que tenía un frasco de alabastro con perfume de nardo puro de gran precio. Y      quebrando el frasco de alabastro, lo derramó sobre la cabeza de Jesús.
  4 Pero había allí algunos que se indignaron entre sí y dijeron: ¿Para qué se ha hecho      este desperdicio de perfume?
  5 Porque podría haberse vendido este perfume por más de trescientos denarios y      haberse dado a los pobres. Y murmuraban contra ella,
  6 pero Jesús dijo: Dejadla. ¿Por qué la molestáis? Ella ha hecho una buena obra      conmigo.
  7 Porque siempre tenéis a los pobres con vosotros, y cuando queréis les podéis hacer      bien; pero a mí no siempre me tenéis.
  8 Ella ha hecho lo que podía, porque se ha anticipado a ungir mi cuerpo para la      sepultura.

Entonces, uno de los doce, que se llamaba Judas Iscariote, fue a los principales sacerdotes
10 y les dijo: ¿Qué me queréis dar? Y yo os lo entregaré. Ellos le asignaron treinta     piezas de plata;
11 y desde entonces él buscaba la oportunidad para entregarle.

El primer día de la fiesta de los panes sin levadura, los discípulos se acercaron a Jesús diciendo: ¿Dónde quieres que te hagamos los preparativos para comer la Pascua?
13 El dijo: Id a la ciudad, a cierto hombre, y decidle: El Maestro dice: Mi tiempo está     cerca; en tu casa voy a celebrar la Pascua con mis discípulos.
14 Los discípulos hicieron como Jesús les mandó y prepararon la Pascua.
15 Al atardecer, Él estaba sentado a la mesa con los doce.
16 Hubo entre ellos una disputa acerca de quién de ellos parecía ser el más importante.
17 Entonces Él les dijo: Los reyes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que     tienen autoridad sobre ellas son llamados bienhechores.
18 Pero entre vosotros no será así. Más bien, el que entre vosotros sea el importante,     sea como el más nuevo; y el que es dirigente, como el que sirve.
19 Porque, ¿Cuál es el más importante: el que se sienta a la mesa, o el que sirve? ¿No     es el que se sienta a la mesa? Sin embargo, yo estoy en medio de vosotros como el     que sirve.

Durante la cena,
21 se levantó de la cena; se quitó el manto, y tomando una toalla, se ciñó con ella.
22 Luego echó agua en una vasija y comenzó a lavar los pies de los discípulos y a     secarlos con la toalla con que estaba ceñido.
23 Entonces llegó a Simón Pedro, y éste le dijo: Señor, ¿Tú me lavas los pies a mí?
24 Respondió Jesús y le dijo: Lo que yo hago, tú no lo entiendes ahora, pero lo     comprender#aacute;s después.
25 Pedro le dijo: ¡Jamás me lavarás los pies! Jesús le respondió: Si no te lavo, no tienes     parte conmigo.
26 Le dijo Simón Pedro: Señor, entonces, no sólo mis pies, sino también las manos y la     cabeza.
27 Le dijo Jesús: El que se ha lavado no tiene necesidad de lavarse más que los pies,     pues está todo limpio. Ya vosotros estáis limpios, aunque no todos.
28 Porque sabía quién le entregaba, por eso dijo: No todos estáis limpios.
29 Así que, después de haberles lavado los pies, tomó su manto, se volvió a sentar a la     mesa y les dijo: ¿Entendéis lo que os he hecho?
30 Vosotros me llamáis Maestro y Señor; y decís bien, porque lo soy.
31 Pues bien, si yo, el Señor y el Maestro, lavé vuestros pies, también vosotros debéis     lavaros los pies los unos a los otros.
32 Porque ejemplo os he dado, para que así como yo os hice, vosotros también hagáis.
33 De cierto, de cierto os digo que el siervo no es mayor que su señor, ni tampoco el     Apóstol es mayor que el que le envió.
34 Si sabéis estas cosas, bienaventurados sois si las hacéis.

Después de haber dicho esto, Jesús se conmovió en espíritu y testificó diciendo: De cierto, de cierto os digo que uno de vosotros me ha de entregar.
36 Entonces los discípulos se miraban unos a otros, dudando de quién hablaba.
37 Uno de sus discípulos, a quien Jesús amaba, estaba a la mesa recostado junto a     Jesús.
38 A él Simón Pedro le hizo señas para que preguntase quién era aquel de quien     hablaba.
39 Entonces él, recostándose sobre el pecho de Jesús, le dijo: Señor, ¿quién es?
40 Jesús contestó: Es aquel para quien yo mojo el bocado y se lo doy. Y mojando el     bocado, lo tomó y se lo dio a Judas hijo de Simón Iscariote.

Cuando Judas había salido, dijo Jesús:
42 Un mandamiento nuevo os doy: que os améis los unos a los otros. Como os he     amado, amaos también vosotros los unos a los otros.
43 En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tenéis amor los unos por los     otros.
44 Entonces Jesús les dijo: Todos vosotros os escandalizaréis de mí esta noche.
45 Respondiéndole Pedro dijo: Aunque todos se escandalicen de ti, yo nunca me     escandalizaré.
46 Señor, estoy listo para ir contigo aun a la cárcel y a la muerte.
47 Pero él dijo: Pedro, te digo que el gallo no cantará hoy antes que tú hayas negado     tres veces que me conoces.
48 Pedro le dijo: Aunque me sea necesario morir contigo, jamás te negaré. Y todos los     discípulos dijeron lo mismo.

Entonces llegó Jesús con ellos a un lugar que se llama Getsemaní, y dijo a los discípulos: Sentaos aquí, hasta que yo vaya allá y ore.
50 Tomó consigo a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, y comenzó a entristecerse y a     angustiarse.
51 Entonces les dijo: Mi alma está muy triste, hasta la muerte. Quedaos aquí y velad     conmigo.
52 Pasando un poco más adelante, se postró sobre su rostro, orando y diciendo: Padre     mío, de ser posible, pase de mí esta copa. Pero, no sea como yo quiero, sino como     tú.
53 Volvió a sus discípulos y los halló durmiendo, y dijo a Pedro: ¿Así que no habéis     podido velar ni una sola hora conmigo?
54 Velad y orad, para que no entréis en tentación. El espíritu, a la verdad, está     dispuesto; pero la carne es débil.
55 Por segunda vez se apartó y oró diciendo: Padre mío, si no puede pasar de mí esta     copa sin que yo la beba, hágase tu voluntad.
56 Cuando volvió otra vez, los halló durmiendo, porque los ojos de ellos estaban     cargados de sueño.
57 Dejándolos, se apartó de nuevo y oró por tercera vez, repitiendo las mismas     palabras.
58 Entonces volvió a sus discípulos y les dijo: ¿Todavía estáis durmiendo y     descansando?




FUENTE:
1) WIKIPEDIA, La enciclopedia libre.
2) ESCÉPTICO, profesor universitario en Chicago.
3) Compilado por Thomas Jefferson y Corregido por Eyler Robert Coates, Sr.




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